Los reencuentros de antiguos condiscípulos, además de ser gratos por el simple placer derivado de la renovación de los afectos, suelen propiciar ciertas reflexiones -y comparaciones- sobre las costumbres y valores que imperaban en una sociedad y una época determinadas y cuáles de ellos sobrevivieron al olvido. El último encuentro con mis compañeras del Colegio San José de Tarbes de El Paraíso hizo tangible una percepción un tanto inconsciente que siempre tuve acerca de aquellas religiosas francesas con quienes nuestros padres compartieron la responsabilidad de nuestra educación. Las hermanas tarbesianas, además de hacer su mejor esfuerzo para poner a nuestra disposición todas las herramientas que promoviesen nuestro mejor desempeño personal y profesional en el futuro, sembraron, entre otros valores, un sentido de igualdad y un sentimiento de solidaridad que, afortunadamente, persiste en muchas compañeras que lo siguen desarrollando a través de acciones concretas.

Es de admirar, entre otras iniciativas, el esfuerzo de aquéllas que, con todo y sus compromisos familiares y profesionales, participan de manera activa, constante y discreta en la identificación y el alivio de las necesidades de muchas personas.

Marietta Rea (dmariettarea@yahoo.es), médico del Hospital El Algodonal, suele encargarse de hacerle más llevadera la Navidad a los olvidados de la sociedad. Organiza visitas durante los fines de semana de noviembre y diciembre a los siguientes sitios: el Instituto Nacional de Orientación Femenina y su guardería, la Casa de los niños con parálisis cerebral de las Hermanas Misioneras de la Caridad hijas de la Madre Teresa de Calcuta en Catia La Mar, el leprocomio de las mismas hermanas que recoge a ochenta ancianos abandonados, la sección de niños del Hospital Domingo Luciani y el Asilo de ancianos de La Providencia en San Martín. Y prepara fiestas navideñas para los indigentes que acuden a la casa que mantienen las Hermanas Misioneras de la Caridad en las Brisas de Petare y para niños de La Vega, Carapita, El Valle y Brisas de El Paraíso, que acuden a la Parroquia Nuestra Señora de La Paz en Montalbán I. El regalo que prepara para cada una de estas personas es un combo que contiene una toalla, un juguete, un producto de aseo personal y un kilo de alimento no perecedero. En caso de que los donantes no puedan armar esta combinación, ella les facilita la colaboración solicitando el equivalente en dinero que se estima en Bs. 150.

Alicia Villamizar (alicia@usb.ve), profesora de la Universidad Simón Bolívar, participa en un programa que ayuda a las comunidades remotas del Estado Falcón a gestionar sus desechos domésticos. El equipo aprovecha la ocasión para llevarles también medicinas y ropa. Hay que decir que la travesía no es precisamente turística: deben lidiar con el calor, la plaga, el barro y hasta con algunos cocodrilos, pero tienen la voluntad de persistir y convocan a todo aquel que quiera unirse o contribuir de alguna manera con la iniciativa. Este fin de semana se realizará una de esas jornadas.

Yajaira Paiva (ypaiva@gmail.com), odontóloga y fotógrafa, pertenece a la Sociedad de Amigos San Francisco Javier. En cada enero acuden a Paramito, una población ubicada en las montañas de Trujillo, a 3.200 metros de altitud y, dos o tres veces al año, van a Piñango, en el Estado Mérida para prestar servicio odontológico a esas comunidades y las aledañas. Además, llevan ropa, libros y juguetes y se han sumado a esos viajes otros profesionales de distintas áreas, ya que son muchas las carencias que, de alguna manera, pueden superarse con su ayuda. Este domingo ellos recaudarán fondos a través de la celebración de una “comilona” en el Colegio San Ignacio cuya entrada cuesta Bs. 100, la cual incluye todo lo que usted pueda comer, la presentación de un espectáculo en vivo y la posibilidad de participar en un concurso de cocina si usted lleva listo un plato que lo haga quedar bien.

En muchas ocasiones nos abstenemos de contribuir con causas humanitarias porque no contamos con información que nos permita identificar prioridades, porque carecemos de talento organizativo o porque no conocemos formas confiables de canalizar cualquier ayuda. Afortunadamente, entre otros muchos casos, estas tres tarbesianas representan valiosos ejemplos de seriedad y entusiasmo a la hora de poner en práctica la solidaridad, tan necesaria hoy y siempre.

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