Category: Columna Reflexiones


Todos sabemos que la frase contraria: “Sí, mi general” es la habitual. Es inevitable. Está en la naturaleza de la función militar y en ese contexto es bastante  lógica. De allí la actitud dolida del ministro de la Defensa y Jefe del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), general Padrino López, que considera inexplicable cómo “un documento hermosísimo” -ese, el que, en una línea, introduce el uso de armas de fuego por parte de componentes militares en las reuniones públicas y manifestaciones y echa por tierra todo el espíritu de sus 30 artículos íntegros- haya sido objeto de rechazo por numerosos sectores de la población.

Hay que aclarar que el general Padrino se erigió como vocero oficial y autoridad responsable de la publicación de la Resolución Nº 008610 dictada por su despacho, denominada “Normas sobre la actuación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en funciones de control del orden público, la paz social y la convivencia ciudadana en reuniones públicas y manifestaciones”. Y llama la atención el hecho de que este oficial invoque la razón que dio origen a esta normativa e informe cuáles organismos lo asesoraron para concebirla.

En efecto, el general dijo que desde el año pasado comenzó a revisar la actuación de la FANB en tareas de orden público y que fue apoyado por una mesa de discusión conformada por representantes de la Defensoría del Pueblo, el Ministerio Público, el Consejo de Derechos Humanos de la Nación, las policías, el Ministerio de Interior y Justicia y la Guardia Nacional Bolivariana. Por otra parte, sabemos que hay 14 policías y militares detenidos por delitos vinculados con la violación de los derechos humanos de los ciudadanos, manifestantes o no, en el marco de las protestas ocurridas en el país entre febrero y junio de 2014. De modo que, en principio, no hay por qué presumir la mala fe del general ni por qué dudar de la sinceridad de su deseo de crear un instrumento que restringiera la discrecionalidad de la FANB cuando la llaman a contener a la población civil, en otras palabras, para contar con un marco de actuación que le ofreciera cierto grado de seguridad jurídica, dada la recurrente convocatoria del gobierno nacional a la FANB para que realice actividades para las cuales no tiene atribuciones. Como puede advertirse, la situación no es fácil porque, por muchos malabarismos que se intenten, las distorsiones no admiten convalidación.

Me pregunto qué papel jugaron en esa mesa de discusión los especialistas en Derechos Humanos cuando, para quienes no somos expertos en la materia, es demasiado llamativa la colisión entre la Resolución Nº 008610 y todo el ordenamiento internacional en materia de derechos humanos y, especialmente, el nacional -encabezado por la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela- por el solo hecho de permitir “hasta el uso del arma de fuego” en una reunión pública o manifestación (art. 5º, numeral 5, 1er. Aparte de la Resolución Nº 008610). Tan solo esa breve frase, insertada casi imperceptiblemente, no solo “descontextualiza” sino que arruina en su totalidad el espíritu y propósito del “hermosísimo documento” que no está concebido para escenarios de guerra ni teatros de operaciones, sino que expresamente señala que sus disposiciones serán aplicables “en tiempos de paz” (art. 3º).

Me pregunto también cuáles observaciones formularon esos juristas expertos respecto a la posibilidad de que componentes militares distintos de la Guardia Nacional Bolivariana actúen en funciones de control del orden público en tiempos de paz y sin que medie un estado de excepción. En este sentido, la resolución vulnera abiertamente otros dos principios constitucionales, el de Legalidad, según el cual sólo “la Constitución y la ley definen las atribuciones de los órganos que ejercen el Poder Público, a las cuales deben sujetarse las actividades que realicen” (art. 137) y el de Reserva Legal (art. 156) que faculta exclusivamente al Poder Legislativo (art. 187) para organizar el ejercicio de los poderes públicos y definir sus atribuciones mediante instrumentos de rango legal, lo que incluye todo lo relativo a “la conservación de la paz pública y recta aplicación de la Ley en todo el territorio nacional” (art. 156, numeral 2), “la organización y régimen de la Fuerza Armada Nacional” (art. 156, numeral 8) y “la legislación en materia de derechos, deberes y garantías constitucionales” (art. 156, numeral 32).

Nadie le explicó al general que, por las anteriores razones, la Resolución Nº 008610 carece de validez material, es decir, a la hora de la verdad, no podrá ser invocada para justificar ni siquiera el porte de armas de fuego en manifestaciones pacíficas ante ninguna instancia encargada de juzgar delitos relacionados con violaciones de los Derechos Humanos, porque contradice el propósito y contenido del régimen nacional e internacional instaurado en nuestro país en esa materia.

Tampoco le informaron que, si la intención de la resolución era combatir desde las simples vías de hecho hasta los actos de intimidación de organizaciones armadas que se dicen sociales o cualquier otra forma de asociación parapolicial o paramilitar, existen ya instrumentos de rango legal, muy robustos y consolidados en el tiempo, que permiten no solamente encuadrar estos actos como delitos sino que liberan de responsabilidad penal a quien haga uso de las armas bajo una causa de justificación d0600ebidamente demostrada (legítima defensa, estado de necesidad o no exigibilidad de otra conducta). No tiene sentido descontextualizar una resolución concebida para proteger los derechos humanos para justificar el uso de armas cuando la legislación penal ha previsto todos los supuestos posibles.

Qué vergüenza que ninguno de los expertos, perfectamente conscientes de la situación, se atrevió a abrir la boca para decir: “Eso no es posible, mi general”.

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En medio de la sequía material e intelectual que agobia a los venezolanos, el comienzo de año al menos ha sido generoso en referencias que podrían ayudarnos a explorar un poco más allá de nuestros males conocidos y de los lugares comunes o posturas dogmáticas con los que pretendemos explicarlos y erradicarlos. Me referiré a dos de ellas -una nacional y otra foránea- que, sumadas al discurso aún no pronunciado por el presidente Maduro para el momento de la entrega de esta nota y cuyo contenido, sin duda, será también muy ilustrativo, son de mucha utilidad para comprender la magnitud de nuestra tragedia y la necesidad de asumir también nuestra responsabilidad como requisito ineludible para detener la carrera desenfrenada hacia el abismo y revertir su orientación.

En lo interno, resulta fundamental la lectura y examen del comunicado de la Conferencia Episcopal Venezolana (www.cev.org.ve), que recoge de manera minuciosa todas y cada una de las manifestaciones de la crisis general, sus causas y las oportunidades que se vislumbran para superarla.

Los obispos no omiten tema alguno ni adoptan un prisma determinado para ver y analizar la realidad. Por el contrario, sus expresiones son la muestra más palpable de una extraordinaria conexión con el pueblo venezolano en su totalidad, sin distingos de posición política, credo religioso o cualquier otra condición que pueda calificarlo o segmentarlo. Desde la condena a las inaceptables violaciones a los derechos humanos de la disidencia política por parte del gobierno hasta la exigencia a los líderes de la oposición de que superen las tentaciones del personalismo y promuevan un proyecto común de país, pasando por numerosos señalamientos en cada una de las áreas afectadas, el llamado a todos -incluidos nosotros, los ciudadanos comunes- es a la superación de la “crisis moral, de valores, actitudes, motivaciones y conductas, que es preciso corregir”.

El comunicado de los obispos ofrece claridad, sindéresis, acompañamiento y esperanza.

En lo externo, la referencia obvia es el discurso pronunciado por el presidente Obama ante el Congreso de su país (la versión en español está disponible en: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/01/21/actualidad/1421806228_186047.html) el pasado martes 20, precisamente el mismo día cuando Christine Lagarde, Directora del Fondo Monetario Internacional reconocía en una entrevista transmitida por Euronews que, después de la crisis de 2008, Estados Unidos de América es el único país cuya economía salió de la recesión, se encuentra en franca recuperación y sus perspectivas futuras resultan envidiables.

La intervención del presidente Obama por supuesto que mencionó los logros de las políticas desarrolladas para superar con éxito la crisis; sin embargo, lo más importante a mi juicio, no fue el anuncio de los indicadores que en todos los órdenes llaman al optimismo de sus ciudadanos, sino la convocatoria hecha a todos los sectores sin excepción para construir ese futuro promisor, formulada, además, en términos que no dejan lugar a dudas acerca de la extraordinaria conexión que tiene Obama con la realidad de su país y con las necesidades, esta vez no solo de las elites, sino las de todos los ciudadanos.

La oferta de acompañamiento y apoyo a quien trabaje duro, así como su convicción sincera de que son la dedicación, el esfuerzo y la innovación los motores que deben complementar a la inversión para lograr el crecimiento económico que permita mejores oportunidades para todos, constituye sin duda el mensaje más valioso y la convocatoria más inspiradora.

Ambas referencias tienen dos cosas en común: en primer lugar, apelan a la ética, a la honestidad, a la laboriosidad, al ingenio, al respeto a los demás, en fin, a la práctica cotidiana de los valores que hacen justa a una sociedad; en segundo lugar, consideran que la adopción de esos valores es responsabilidad de todos y cada uno de los ciudadanos.

En Venezuela, agobiados como estamos por un gobierno oprobioso, cuyo crecimiento y costo burocrático es directamente proporcional al incremento de la ignorancia, ineptitud, inconsciencia y codicia de quienes lo conforman, todos los males se los atribuimos a estos personajes cuya responsabilidad es indiscutible. Sin embargo, estas deplorables características parecieran haber penetrado en nosotros más profundamente de lo que el fenómeno de la polarización política nos permite reconocer.

Posiblemente, las increíbles torpezas del gobierno, cuyos personeros solo exhiben altas cotas de eficiencia en el ejercicio de la discriminación política, laboral y religiosa y en la criminalización de cualquier forma de disidencia, contribuyan a que nuestro deterioro institucional se le atribuya tan sólo al legado del difunto quien, sin duda, pasará a la Historia por semejante contribución; sin embargo, cuando este gobierno pase -como ineludiblemente ocurrirá-, la superación de este caos y la reconstrucción del país solo serán posibles después -y como consecuencia- de una reflexión profunda acerca de la sociedad a la que aspiramos y si contamos con lo necesario para alcanzarla

Las sorpresas agradables no abundan en estos tiempos. Tal vez por eso se disfrutan más. A la que me referiré aquí abarca muchas, pero contenidas en una sola: son cuarenta y cinco emprendimientos recogidos en un hermoso libro que editó Banesco y cuyo compilador fue Antonio López Ortega. Se trata de la tercera entrega de la serie titulada “Gente que hace Escuela” que nos presenta iniciativas extraordinarias, esparcidas por todas las entidades federales del país, que el libro enmarca prodigiosamente, tanto en textos como en imágenes, a través de profesionales notables del periodismo, las letras, la fotografía y el arte en general.

Allí no se rinde homenaje a la fama, al éxito o a alguna “tendencia” popular y efímera, sino que se hace honor a la ciudadanía cabal, al trabajo sostenido, a la solidaridad con los semejantes, a la tenacidad, que vemos reconocidos en este magnífico trabajo de un modo sustantivo, serio y perdurable. El catálogo de instituciones reseñadas es muy largo para ser reproducido aquí pero mencionaré apenas algunos ejemplos que ilustran la calidad de la muestra.

En Carabobo, es notable la labor que, desde hace 27 años, desarrolla la Unidad de Transplante de Médula Ósea Doctor Abraham Sumoza como centro de servicios gratuitos de salud, reconocido internacionalmente y que funciona no sólo como unidad de transplantes sino que, además, ha entrenado a médicos de 13 países, mantiene relaciones con el Hospital St. Jude de Memphis, organiza jornadas internacionales conjuntamente con el Hospital de Clínicas Caracas y ha realizado descubrimientos e innovaciones y diseñado protocolos que han sido adoptados por centros que mantienen los mejores estándares de calidad.

En Lara, la Asociación Cardiovascular Centroccidental, mejor conocida como  Ascardio, desde 1976, no solo se dedica a la atención, de altísimo nivel, de todas las patologías cardiovasculares sino que ha puesto en marcha programas de prevención de estas enfermedades mediante la educación a la población. Desde 1979, desarrolla el postgrado de cardiología con el mayor número de cursantes del país y, recientemente, graduó la primera promoción de técnicos superiores universitarios cardiopulmonares que se ampliará a licenciatura a través de un convenio con la Universidad Central de Venezuela. Lidera y acoge la reunión anual de los postgrados de cardiología de Venezuela, donde se trazan los nuevos lineamientos en educación cardiológica. Además, mantiene alianzas con la Clínica Mayo, de Estados Unidos de América y con el Hospital de Massachusetts, que imparte programas de formación a los residentes de Asocardio.

En Mérida, el Jardín Botánico levantado en La Hechicera desde 1991, además de recibir la visita de 100 mil personas al año, se ha convertido en un centro de estudio y de divulgación científica. Ha desarrollado 10 hectáreas temáticas, un bromeliario con 18 géneros y 118 especies y muchas líneas de investigación de indudable interés para el país.

En Amazonas, la Fundación para el Desarrollo de las Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Fudeci) tiene 40 años enseñando a las comunidades indígenas a ser productivas y autosustentables. En Apure, la red de escuelas Flor Amarillo, en alianza con Fe y Alegría, mantiene un sólido proyecto de incorporación y permanencia de niños y adolescentes en el sistema educativo formal con el propósito de alejarlos del ejercicio del trabajo infantil.

El grupo vocal Los Madrigalistas de Aragua desde 1969 ha llevado la enseñanza de la música y la cultura musical por escuelas, barrios e instituciones públicas. En Barinas, la red de Hogares Crea, fundada en 1970, mantiene en Barinitas un centro teraupéutico de rehabilitación para jóvenes adictos al alcohol y a los estupefacientes.

En Bolívar, desde 1988, la Coral Infantil Integrada de Guayana forma en el canto a niños con distintos niveles de capacidad e inclusive a niños con enfermedades terminales. Por su parte, la Universidad Nacional Experimental de Guayana, con 32 años de fundada, no solo constituye un ejemplo exitoso de capacitación profesional, cotizada en otros países, sino que genera investigaciones de primera línea asociadas a las necesidades de la región.

Todas estas iniciativas, que forman parte de las 45 que se describen en el libro, tienen en común, entre otras virtudes, la perseverancia para mantener el cumplimiento de sus objetivos a pesar de las dificultades. Antonio López Ortega les atribuye a todas, con mucho acierto, propiedades y características esperanzadoras: “Si todos estos puntos dispersos en la vasta geografía nacional se hilaran en un solo tejido, podríamos estar hablando de un país desconocido, invisible, que en cualquier circunstancia podría venir en auxilio del otro, del que es más público y notorio, añadiéndole al discurso nacional mayor acento social, solidario, productivo. Son muchos los problemas que en las décadas recientes el país ha acumulado como para no convocar a todas sus fuerzas, a todos sus empeños, a todos sus aprendizajes, en un todo unívoco y decidido a dejar las miserias y las cadenas que nos atan atrás”.

Esa es la Venezuela que silenciosamente nos convoca todos los días. Hay que oírla; hay que hacerla visible e influyente. O viral, como dirían los jóvenes de hoy

Mis mejores deseos para ustedes, apreciados lectores, en estos días de Navidad y Año Nuevo.