Hace más de 30 años, uno de los más lúcidos venezolanos del siglo XX, dramaturgo, director de teatro, cronista y analista político, autor de importantes ensayos y, fundamentalmente, pensador, nos regaló una obra inusual. Me refiero a José Ignacio Cabrujas quien, en el caso específico de la obra que mencionaré, no publicó un estudio sobre ciencias sociales ni tampoco desarrolló un tratado de política o sicología. Hizo algo bastante más original. Escribió “La señora de Cárdenas”, toda una lección de dignidad y superación personal envuelta en empaque de telenovela, con lo que elevó la categoría de este género hasta distanciarlo de la percepción que, como consecuencia de la vacuidad y cursilería de su contenido, lo consideraba de menor cuantía y poco merecedor de respeto. Cabrujas transformó la telenovela en un instrumento útil para proponer la ruptura con falsos paradigmas y en la herramienta ideal para inducir, en los públicos menos educados y desfavorecidos, modelajes más constructivos, dada la dosis mínima pero cotidiana de información y de asimilación de ésta que su formato garantiza.

“La señora de Cárdenas”cuenta la historia de Pilar, una ama de casa que, durante 10 años de matrimonio, amó, obedeció y dependió del señor Cárdenas, un marido seductor, proveedor y autoritario que hábilmente combinaba estas tres características para disfrutar e incrementar cada vez más su posición de poder en relación con ella. Pilar, al principio totalmente fascinada por la personalidad de quien la supo enamorar, terminó atrapada también en un juego de dependencia económica y sicológica donde sólo cabían el asentimiento y la resignación hasta en losasuntos más insignificantes, en todos los cuales se imponía, invariablemente, la voluntad de Cárdenas. La verdad es que, durante esos 10 años ella no había sido infeliz ya que, las contradicciones de su marido, sus arrestos de carácter, la ausencia de libertad de designio y el nulo desarrollo de su propia personalidad  habían encontrado compensación en la creencia de que su marido le profesaba amor y le guardaba absoluta reciprocidad en todo, de manera que era natural que él tuviese elcontrol exclusivo de su hogar y hasta de su propia vida.

Pilar recibió la gran sacudida cuando descubrió que el señor Cárdenas mantenía una relación estable con otra mujer y que ella simplemente había sucumbido a una forma moderna y sofisticada de servidumbre. Fue en ese momento cuando se percató de que durante sus 10 años de matrimonio las “reglas de juego” se habían transformado paulatinamente hasta inhabilitarla para defender sus derechos más elementales. Pilar, no sólo carecía de independencia sino que, además, le faltaba el valor para intentar conseguirla. Sus credenciales no calificaban para un intento de búsqueda de opciones laborales con un nivel de ingreso que le permitiera mantenerse a sí misma. Y Cárdenas administraba el dinero en función de la obediencia. Finalmente, Pilar recobra su dignidad perdida gracias a un largo proceso de reflexión y de aprendizaje. Ella identifica que, aunque no tenga estudios formales, es talentosa para la cocina y desde su casa ofrece servicios de catering, actividad que le devuelve la autoestima y le proporciona la independencia sicológica y económica que tanto necesita.

Con su telenovela, Cabrujas nos previno, magistralmente, contra el prototipo del señor Cárdenas en cualquiera de sus manifestaciones, sea como marido, padre, jefe o gobernante; pero también nos enseñó el antídoto.

El desenlace de “La señora de Cárdenas” resulta formidable porque la reivindicación de Pilar no está asociada al odio o a la venganza; tampoco se centra en la búsqueda desesperada de otro marido que reemplace al déspota, sino que radica en la identificación sincera y racional de las oportunidades que le permitiránvalerse por sí misma y que pongan a raya a Cárdenas para evaluar -después, en condiciones de equilibrio- si vale o no la pena continuar una vida en común con él. La escuálida Pilar de otros tiempos termina inspirando respeto; la minusválida señora de Cárdenas que carecía de fuerza para tomar una decisión es capaz de lograr que ésta se lleve a cabo de manera irreversible. Y todo gracias a la determinación que permitió que, en una primera etapa, el señor Cárdenas dejara de controlar su vida; que, poco tiempo después, el señor Cárdenas dejara de ser el centro su vida y que, finalmente, el señor Cárdenas fuera sustituido por alguien que supiera convivir civilizadamente.

El señor Cárdenas que nos gobierna ha mostrado varias veces –la última de ellas, por cierto, esta misma semana, en su entrevista con el presidente Santos– cuán dispuesto está a reflexionar, a recular y a respetar a los demás; eso sí, siempre y cuando las fuerzas entre él y sus interlocutores estén en equilibrio.

El próximo 26 de septiembre tendremos una oportunidad esplendorosa de poner a raya a nuestro Cárdenas. Por favor, no la desperdiciemos.

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