Las sorpresas agradables no abundan en estos tiempos. Tal vez por eso se disfrutan más. A la que me referiré aquí abarca muchas, pero contenidas en una sola: son cuarenta y cinco emprendimientos recogidos en un hermoso libro que editó Banesco y cuyo compilador fue Antonio López Ortega. Se trata de la tercera entrega de la serie titulada “Gente que hace Escuela” que nos presenta iniciativas extraordinarias, esparcidas por todas las entidades federales del país, que el libro enmarca prodigiosamente, tanto en textos como en imágenes, a través de profesionales notables del periodismo, las letras, la fotografía y el arte en general.

Allí no se rinde homenaje a la fama, al éxito o a alguna “tendencia” popular y efímera, sino que se hace honor a la ciudadanía cabal, al trabajo sostenido, a la solidaridad con los semejantes, a la tenacidad, que vemos reconocidos en este magnífico trabajo de un modo sustantivo, serio y perdurable. El catálogo de instituciones reseñadas es muy largo para ser reproducido aquí pero mencionaré apenas algunos ejemplos que ilustran la calidad de la muestra.

En Carabobo, es notable la labor que, desde hace 27 años, desarrolla la Unidad de Transplante de Médula Ósea Doctor Abraham Sumoza como centro de servicios gratuitos de salud, reconocido internacionalmente y que funciona no sólo como unidad de transplantes sino que, además, ha entrenado a médicos de 13 países, mantiene relaciones con el Hospital St. Jude de Memphis, organiza jornadas internacionales conjuntamente con el Hospital de Clínicas Caracas y ha realizado descubrimientos e innovaciones y diseñado protocolos que han sido adoptados por centros que mantienen los mejores estándares de calidad.

En Lara, la Asociación Cardiovascular Centroccidental, mejor conocida como  Ascardio, desde 1976, no solo se dedica a la atención, de altísimo nivel, de todas las patologías cardiovasculares sino que ha puesto en marcha programas de prevención de estas enfermedades mediante la educación a la población. Desde 1979, desarrolla el postgrado de cardiología con el mayor número de cursantes del país y, recientemente, graduó la primera promoción de técnicos superiores universitarios cardiopulmonares que se ampliará a licenciatura a través de un convenio con la Universidad Central de Venezuela. Lidera y acoge la reunión anual de los postgrados de cardiología de Venezuela, donde se trazan los nuevos lineamientos en educación cardiológica. Además, mantiene alianzas con la Clínica Mayo, de Estados Unidos de América y con el Hospital de Massachusetts, que imparte programas de formación a los residentes de Asocardio.

En Mérida, el Jardín Botánico levantado en La Hechicera desde 1991, además de recibir la visita de 100 mil personas al año, se ha convertido en un centro de estudio y de divulgación científica. Ha desarrollado 10 hectáreas temáticas, un bromeliario con 18 géneros y 118 especies y muchas líneas de investigación de indudable interés para el país.

En Amazonas, la Fundación para el Desarrollo de las Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Fudeci) tiene 40 años enseñando a las comunidades indígenas a ser productivas y autosustentables. En Apure, la red de escuelas Flor Amarillo, en alianza con Fe y Alegría, mantiene un sólido proyecto de incorporación y permanencia de niños y adolescentes en el sistema educativo formal con el propósito de alejarlos del ejercicio del trabajo infantil.

El grupo vocal Los Madrigalistas de Aragua desde 1969 ha llevado la enseñanza de la música y la cultura musical por escuelas, barrios e instituciones públicas. En Barinas, la red de Hogares Crea, fundada en 1970, mantiene en Barinitas un centro teraupéutico de rehabilitación para jóvenes adictos al alcohol y a los estupefacientes.

En Bolívar, desde 1988, la Coral Infantil Integrada de Guayana forma en el canto a niños con distintos niveles de capacidad e inclusive a niños con enfermedades terminales. Por su parte, la Universidad Nacional Experimental de Guayana, con 32 años de fundada, no solo constituye un ejemplo exitoso de capacitación profesional, cotizada en otros países, sino que genera investigaciones de primera línea asociadas a las necesidades de la región.

Todas estas iniciativas, que forman parte de las 45 que se describen en el libro, tienen en común, entre otras virtudes, la perseverancia para mantener el cumplimiento de sus objetivos a pesar de las dificultades. Antonio López Ortega les atribuye a todas, con mucho acierto, propiedades y características esperanzadoras: “Si todos estos puntos dispersos en la vasta geografía nacional se hilaran en un solo tejido, podríamos estar hablando de un país desconocido, invisible, que en cualquier circunstancia podría venir en auxilio del otro, del que es más público y notorio, añadiéndole al discurso nacional mayor acento social, solidario, productivo. Son muchos los problemas que en las décadas recientes el país ha acumulado como para no convocar a todas sus fuerzas, a todos sus empeños, a todos sus aprendizajes, en un todo unívoco y decidido a dejar las miserias y las cadenas que nos atan atrás”.

Esa es la Venezuela que silenciosamente nos convoca todos los días. Hay que oírla; hay que hacerla visible e influyente. O viral, como dirían los jóvenes de hoy

Mis mejores deseos para ustedes, apreciados lectores, en estos días de Navidad y Año Nuevo.

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